La columna Móvil (PELLInside, edición 108)
La columna móvil
Esta semana: María Amuchástegui con “Estar al pedo: ¿bueno o malo?”
Hola a todos, me da muchísimo placer poder utilizar este prestigioso espacio de la web para poder comunicarme con todos aquellos que tanto me recuerdan por mis clases de gimnasia o como bien se dice ahora, gym. A propósito, ¿se fijaron como se han multiplicado las distintas disciplinas relativas al movimiento corporal? Step, localizada, pilates, yoga cordobés, etc. conforman un amplio espectro de posibilidades que reducen cada día más la posibilidad a los remolones para dar excusas y así evitar la actividad física. Eso es realmente muy bueno porque desde ya les digo, no es apropiado estar mucho tiempo al pedo porque puede ser perjudicial para la salud, díganmelo a mi… Por mi experiencia, puedo hablar largo y tendido al respecto. Soy una especie de ametralladora del conocimiento en cuanto al ocio.
Ojo, debemos diferenciar claramente el estar al pedo con el tiempo destinado al ocio creativo, aunque el resultado sea crear por ejemplo, un blog. Eso sí que es estar al pedo y no lo digo por el editor de este sitio, sólamente……
El ocio creativo se identifica claramente con esa actividad que uno encara con sumo placer y dedicación, con la cual pasan las horas sin que uno se dé realmente cuenta. En cambio, el estar, no al pedo sino al repedo, implica que uno no sabe que hacer con su tiempo, da vueltas por aquí, da vueltas por allá y no encuentra nada que lo satisfaga completamente, nada que lo divierta en verdad. Por ello, es muy probable que el sujeto que está al pedo comience a pensar en boludeces y se largue a hacer pedorradas que pueden terminar no sólamente dañándolo a si mismo, sino lo que es peor, al resto de la comunidad. Pongo por ejemplo, a Bush, un tipo que ha demostrado fehacientemente que está al repedo desde hace casi ocho años ya. No solo al repedo, sino que ganó las elecciones de pedo y con las emanaciones características que han surgido de su gestión de gobierno, se llegó a este momento álgido en el que Estados Unidos, el gran coloso del norte, va a salir indemne de esta grave situación sólamente de pedo. Al pan, pan y al vino, vino.
Yo creo que quedó bastante clara la diferencia abismal entre una cosa y la otra. Sintetizando, según mi opinión, estar al pedo es malo y desde ya, no lo aconsejo bajo ningún punto de vista.
Esperando que puedan aplicar estos conocimientos prontamente, me despido de todos ustedes y espero encontrarlos nuevamente muy pronto.
Besos tipo ratatatáaaaaaa para todos.
Editorial (PELLInside, edición 108)
El perro onda Cooker
La mañana está fresca, con ese aire tan propio de la primavera. Un cielo despejado como para compensar un lunes que arrancó para la mierda. Y no digo mierda a modo de clásico insulto, propio de los lunes, no, para nada. Digo que arrancó para la mierda porque cayó el atmosférico tempranito con el sano propósito de evacuar el pozo ciego. Y está bien, ¿qué mejor que un lunes para semejante actividad? Lunes de mierda, atmosférico de mierda, pozo de mierda…
No importa el viaje, más o menos lo mismo de siempre. Sí me importa la plaza porque en medio del traqueteo, los empujones, apretujamiento y desconsideraciones varias, cruzar la plaza viene a ser como encontrar un oasis en el medio del desierto, pletórico de frutas y con dos o tres minas dispuestas a apantallarle los callos a uno.
El perro que veo de reojo es onda Cooker porque la verdad es que yo no conozco más que cuatro o cinco razas de perros. Sé que ahora hay cientos que ni siquiera voy a nombrar porque los nombres se me confunden; para mí siempre existirán ovejeros, bulldogs, cookers, terriers y salchichas, los demás que se vayan a la reverendísima mierda, o con el atmosférico que está vaciando el pozo, da lo mismo.
Volviendo al perro onda Cooker, no sé si les ha pasado querer ser otra cosa en un momento determinado. Al momento de verlo quise inmediatamente ser perro onda Cooker, porque estaría disfrutando como él lo estaba haciendo, chapoteando en la fuente de agua sin pensar que carajo dirán los dueños de la fuente, refrescándome todas las partes pudorosas y meando sin mayores preocupaciones, si así fuera necesario. Lo seguí con la mirada, envidioso yo de que pudiera existir un ser que no le importara en absoluto este lunes, que sólamente se diera cuenta que el clima ameritaba un chapuzón y punto. Ojalá pudiera pero no creo…
De hecho, por más que nuestro deseo sea imitar su naturalidad, no nos saldría ni en pedo. Tenemos demasiada información en la cabeza, demasiada para evacuar en cualquier lado, por más que hablemos de un atmosférico gigante.
Es que la brecha entre la naturaleza y nuestras vidas se volvió tan ancha que todo lo que podamos hacer para volver a amigarnos es casi un artificio. Los pasos que me separan de la obligación de cada día ya son ínfimos.
Pienso en los robots japoneses, los colectiveros con cabinas seguras, computadoras, servidores, las calles desoladas de gente y llenas de números, el auto, el peaje, el sueldo, el salvataje, la democracia y otros menesteres mentales mientras el perro onda Cooker sigue disfrutando su momento sin cadena en la fuente de la plaza que ya quedó atrás.
Jorge Pelliza
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