Editorial (PELLInside, edición 106)
Medias tintas
“Yogur To Be, rico y 0% de grasa”, reza la publicidad señera de todas las otras publicidades que se bambolean alrededor del mismo concepto. Ser o no Ser, ahí está el dilema, mis amigos. Tanto producto sano, tanto postrecito como la gente para llegar a los veinte con problemas de presión y colesterol, por lo menos, llama la atención.
Los problemas de salud se multiplican a edades muy tempranas, tal vez desde un punto psicológico explicables en un buen porcentaje, o quizás desde otro punto de vista, también. Los químicos han invadido nuestras vidas, llenando esos espacios vacíos que las mandarinas y los tomates, plastificados e insulsos han dejado libres. Tal es así que si uno tiene la suerte de tener en su casa un pedacito de tierra como para “armarse la quintita”, los productos que de ésta se deriven serán incomparables con los que se adquieren en cualquier negocio del ramo. De allí, armar una ensaladita mixta será parecido a la panacea universal, cosa que años atrás era de lo más común. ¿Y por qué antes daba gusto hincarle el diente a un tomate y hoy parece que hacer lo mismo terminará en un gesto de desagrado y, más grave aún, de repugnancia? “Andá a saber de que año es esa lechuga”, suele decir dama más o menos avezada en esto de las costumbres culinarias. Las congelaciones de productos naturales, los fertilizantes y otros productos utilizados en la cosecha, los aditivos, vienen haciendo mella en la calidad natural de los alimentos surgidos de la Madre Tierra. Es entonces que aparecen los otros productos, los modernos y ”salvadores” prometiendo que con “Un potecito por día ayuda a fortalecer las defensas” o “Dele a su hijo Sweet Shit y crecerá sano y fuerte” y cosas de similares características, hechos definitivamente, para compensar las cosas..
A esta suerte de modernidad alimenticia que tanto se preocupa por nuestra salud, se sumaron las archiconocidas empresas de comida chatarra, en cuyas publicidades suelen asegurar que sus productos cumplen las normas IRAM y también la ISO 9001, además de que vienen chequeados por el Llanero Solitario y por si esto fuera poco, están avalados por la Organización Mundial de la Salud, más un sinnúmero de organizaciones siempre superconfiables. Uno, si es medio caido del catre, ve esto y dice: “Guau, ¡está todo bajo control!”, “¡La vida es buena!” y así…
Pero parece que no todo lo que reluce es oro…
Los problemas ya se empiezan a notar desde las edades más tiernas. Obesidad que se vuelve notable, con todos las consecuencias para la salud que ello conlleva en esa y en etapas posteriores (diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia, enfermedades cardiovasculares…).
Ni hablar de la cultura de la delgadez en nuestros occidentales países, que impone un patrón de medidas difícil de conseguir sin unas dietas estrictas, vendidas como “mágicas”, que afectan de forma negativa a la ya vapuleada salud. Paradojas de este mundo: mientras hay mucha gente castigada por el hambre y la desnutrición, la otra parte come por debajo de sus necesidades por su culto al cuerpo. Ahora sí, de mantener un buen peso derivado de ejercitarse, ni a palos. Mover el culito, jamás…
Cualquiera puede darse cuenta de que los muchachitos están cada día más inactivos, porque encuentran el ocio en la computadora, en los celulares o en los kartings con motores “para que el nene no ande pedaleando como un descocido”, desdeñando la importancia de mover el esqueleto, más propiamente, darle a la bici y al fulbito hasta que las velas no ardan. Las causas son variadas, desde la presión de sus padres por quedarse en casa “porque afuera está muy peligroso” hasta la propia sedentariedad de los mismos progenitores, reacios a abandonar su cómodo sillón alimentado de Direct TV y otras bellezas culturales..
Y este es el mundo super free, super light y de las medias tintas, porque ningún paquete de cigarrillos light nos aclara qué tan light será el enfisema que contraeremos. O quienes beben leche light no suelen preguntarse que le falta a esa leche para ser muy leche. O cuando nos recomiendan un libro light, podemos suponer que será menos libro que otros libros, y a lo mejor acabaremos concluyendo que ese casi-libro es casi-casi una revista. O sea que mediofumo un mediocigarro, mediobebo una medioleche, medioleo un mediolibro y encima espero un premio en mi vida por tantas boludeces juntas…. ¡Que lo parió!
Jorge Pelliza
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