Editorial PELLInside 10/09/08
Los pibes de ahora
Si hay un latiguillo bien conocido y difundido desde hace varios tiempos y hasta nuestros días, es que “los pibes de ahora está muy avivados”. Lo dicen mis contemporáneos mientras yo observo, muy interesado, como sus frescos discursos de antaño han mutado y se han acomodado a los preestablecidos por la mole-maquinaria de estos “clasificados” días. Por lo menos, me causa curiosidad.
¿Por qué se dice que los chicos de hoy en día están muy avivados? Primer punto: su amiguismo con la tecnología. Eso, creo yo, es la clave de toda esta alabanza tramposa. Es claro que un guacho (no digo guacho sólamente por usos y costumbres, sólamente…) de 10 años, más o menos, hoy ya tiene celular, blog, fotolog, quiere ser o ya es un emo, un flogger, un blogger, un rapper u otro tipo de división que le permita sentirse identificado con pares. Eso es todo.
Déjenme releer… No me gusta, ya me estoy pareciendo a un sociólogo y no quiero…
Concretamente, observo jóvenes, muy jóvenes con increibles problemas de salud como colesterol, presión alta y cosas que a los pibes de mi generación nos eran totalmente desconocidas. Observo chicos obesos que entienden el manejo de las cosas pero que desconocen siquiera un mínimo de fundamento de porque funcionan de ese modo. Observo niños obsesionados con su imagen cuando nosotros, a esa edad, con suerte nos peinábamos y bajo milagro, apenas nos bañabamos, “porque los pibes están en la esquina esperando para ir a jugar a la pelota al parque Centenario”… ¡De noche, si, jugábamos de noche también! ¡Jugábamos 25 partidos por día, Madre de Dios! Es que jugábamos al fútbol antes de ir a dormir, con la tarea lista o algún verso similar si es que uno podía pasarla a la vieja por alguna de esas situaciones que se dan de tanto en tanto, por ejemplo, que estuviera cansada por el laburo o algo por el estilo. Difícil, pero quien te dice, alguna vez se daba… ¿De qué colesterol y presión alta me hablan? Eramos piolines y comíamos como animales, pura vitalidad, salvajismo, incansables hasta caer desmayados, sucios y desprolijos (gracias Pappo) en una catrera que de tan limpia, nos era inmerecida pero ofrecida con absoluta bondad…
Estos niños de hoy, que están tan ”avivadísimos” no saben viajar, no saben tomarse un colectivo más allá de sus cuadras de siempre, de las calles que siempre caminan acompañados de un mayor, porque “todo es un peligro” o simplemente porque sus padres “velan por su tranquilidad (la de los padres, claro)” y no por la vida que sus hijos deben vivir, aún a costa de todo. O si no, ¿cuándo la van a vivir? ¿Siempre el día de mañana?
Estos jóvenes que todo lo saben, también fueron lo suficientemente estúpidos como para prender bengalas y candelas en lugares cerrados, aún contra el minimísimo sentido común que indica que eso es simplemente una locura. No fue una vez, fueron cientos de veces hasta que pasó…
Estos pibes no saben lo que es levantarse a una mina, con pasión, perseverancia, estrategia y buena onda, porque con un poquito de faso, merca o alcohol a morir, “las minitas se abren de gambas, así como así”. Sé que esto es burdo y vil, pero es así…
Y ojo al piojo, es vil porque generalizo tanto como los que alaban asquerosamente las características “avivadísimas” de las nuevas generaciones. Ellos dicen “los chicos de hoy en día” y yo les respondo con la misma moneda, aunque sé perfectamente que hay muchos de esas generaciones que se esfuerzan por no caer en la trampa, por pensar libremente y por rebelarse contra estos zátrapas adultos que lo único que hacen, con sus alabanzas, es condenarlos al creimiento, al encierro y a la manipulación irresponsable de sus vidas.
Jorge Pelliza
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